Moraleja

23 diciembre 2009

A los 85 años de edad, Hipólito se casa con Ana, de 35.

Ana, en consideración con su futuro marido decide que después de la boda tendrán dormitorios separados.

Después de la ceremonia y la cena, Ana se prepara para dormir, cuando se escuchan golpes en la puerta. Va a abrir y allí está Hipólito listo para la acción.

Concluido el acto, Hipólito le da un beso de buenas noches y vuelve a su dormitorio.

Después de algunos minutos, Ana oye otros golpes en la puerta, abre y ¿quién es? ¡Hipólito…! Listo para la segunda vuelta.

Sorprendida, Ana acepta de buen grado y al final Hipólito le da un cariñoso beso de buenas noches y se va.
Más tarde, Hipólito está otra vez tocando la puerta tan fresco como un muchacho de 25 años… ¡¡¡listo una vez más!!!

Y así dos veces mas, Hipólito llamando a la puerta de Ana y al final, como siempre, le da un beso de buenas noches y vuelve a su cuarto.

Después de una hora larga, regresa Hipólito por sexta vez como si nada, pero en esta ocasión Ana le detiene:

– Me impresiona que a tu edad puedas hacerlo tantas veces Hipólito. ¡Realmente eres un gran amante! He estado con hombres con un tercio de tu edad y son totalmente incapaces de seguirte el paso.

Hipólito la mira desconcertado:

-¿Cómo… ya había venido antes?

Moraleja: El Alzheimer tiene sus ventajas

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